[:en]The Colorado River Delta is proof of nature’s resilience[:es]El delta del río Colorado es prueba de la resistencia de la naturaleza[:]

[:en]After decades-long decline, a dying wetland gets a second chance, with the help of cross-border collaboration between the United States and Mexico.

The Morelos Dam groaned open at the Arizona−Mexico border on March 23, 2014, unleashing a surge or “pulse flow” of water into one very thirsty stretch of the Colorado River. As the gray-green torrent roared south, residents of the Mexican town of San Luis Rio Colorado joyfully waded into spontaneous pools and instant lagoons.

From an overhead bridge, Jennifer Pitt watched the ebullient celebration. As the director of the Environmental Defense Fund’s Colorado River Project at the time, she’d been a key player in launching this release of 106,000 acre-feet of water (enough to fill some 52,000 Olympic-size swimming pools), aimed at jump-starting restoration of the Colorado River Delta. Formed where the river meets the Gulf of California, the delta was once a vast, wildlife-rich wetland. But dams on the Colorado had diverted most of its water to thirsty cities and farms north of the border, leaving much of the delta to slowly dry up. Now there was a chance to reverse that decades-long decline.

“A cheer went up when the water began to pour down, first in a trickle, and then a steady gushing flow,” she wrote. She also mused on how long it might take the river to move downstream.

Her wait was brief. Some eight weeks later, a small, white Cessna circled high above quilted sand flats to the south, where a delicate tendril of water was slowly weaving toward the Gulf of California. In the plane’s passenger seat, a scientist named Francisco Zamora snapped away on his camera. It was the first time the river—which starts its journey 1,450 miles away, in the Colorado Rockies—had reached the sea in nearly 20 years. And for almost that long, Zamora had worked toward this reunion.

As director of the Colorado River Delta Program for the Tucson-based Sonoran Institute, he’d teamed up with Pitt (and more than 50 other scientists and water managers) back in 2002. Together they began plotting their vision for the rebirth of what was once North America’s largest wetland, a 3,300-square-mile oasis populated by vast migratory flocks, prowling jaguars, and rustic fishing villages. That trickle of water, more than a decade in the making, buoyed their hope.

Click here for full article on https://www.nrdc.org[:es]Después de décadas de declive, un humedal moribundo tiene una segunda oportunidad, con la ayuda de la colaboración transfronteriza entre los Estados Unidos y México.

El 23 de marzo de 2014, la presa Morelos gimió abiertamente en la frontera entre Arizona y México, desencadenando una oleada o “flujo de pulso” de agua en un tramo muy sediento del río Colorado. Mientras el torrente gris verdoso rugía hacia el sur, los residentes de la ciudad fronteriza de San Luis Río Colorado chapoteaban con alegría en estanques espontáneos y lagunas instantáneas.

Desde un puente elevado, Jennifer Pitt observó la exuberante celebración. Como directora del Proyecto del Río Colorado del Fondo de Defensa Ambiental en ese momento, había sido un jugador clave en el lanzamiento de esta liberación de 106,000 acres-pie de agua (suficiente para llenar unas 52,000 piscinas de tamaño olímpico), comenzando la restauración del Delta del Río Colorado. Formado donde el río se encuentra con el Golfo de California, el delta fue una vez un vasto pantano rico en vida silvestre. Pero las presas en el Colorado habían desviado la mayor parte de su agua a ciudades y granjas sedientas al norte de la frontera, dejando que gran parte del delta se secara lentamente. Ahora había una posibilidad de revertir esa tendencia.

“Se levantó una ovación cuando el agua comenzó a derramarse, primero en un chorrito y luego en un flujo constante”, escribió. Ella también reflexionó sobre cuánto tiempo podría tomar el agua para moverse río abajo.

Su espera fue breve. Unas ocho semanas más tarde, un avión Cessna pequeño describió un círculo en lo alto de las arenas acolchadas hacia el sur, donde un delicado zarcillo de agua se movía lentamente hacia el Golfo de California. En el asiento del pasajero del avión, un científico llamado Francisco Zamora tomó su cámara. Era la primera vez que el río, que comienza su recorrido a 1.450 millas de distancia, en las Montañas Rocosas de Colorado, había alcanzado el mar en casi 20 años. Y durante casi tanto tiempo, Zamora había trabajado para esta reunión.

Como director del Programa Delta del Río Colorado para el Sonoran Institute con sede en Tucson, se había asociado con Pitt (y más de 50 científicos y administradores del agua) en 2002. Juntos comenzaron a trazar su visión para el renacimiento de lo que era alguna vez el humedal más grande de América del Norte, un oasis de 3.300 millas cuadradas poblado por enormes parvadas de aves migratorias, felinos salvajes y rústicas aldeas de pescadores. Ese goteo de agua, con más de una década en desarrollo, animó su esperanza.

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