[:en]A toxic dumping ground festers on the US – Mexico border near Mexicali[:es]Un terreno de vertederos tóxicos yace en la frontera entre EE. UU. y México cerca de Mexicali[:]

[:en]On the outskirts of Mexicali, where cattle graze and tractors roll across the farmland, a sooty building belches out clouds of smoke.

Twisted scraps of metal and the smashed skeletons of old cars sit in piles next to the hulking plant, where machinery hums loudly, punctuated by the booming sounds of metal striking metal.

Outside the plant’s walls and across a narrow dirt road, Blanca Ramírez lives in the same farmhouse where she grew up. She remembers when she was a kid, before the steel mill was built, the land across the road was an alfalfa field and the air was clean.

Now smoke pours out of the plant at all hours, floating over a row of houses and across the fields.

“The pollution has gradually increased, because we didn’t used to see as much as we see now,” Ramírez said, standing on the road beside the plant. “It’s terrible.”

The Grupo Simec steel mill is a huge recycling facility. It devours metal scraps and the chassis of old cars, which arrive on trucks from junkyards where they have been stripped of parts. The metal goes in dirty, covered with paint and rust, and is melted down along with iron ore and carbon coke, then emerges clean as pieces of steel rebar for construction, stacked in bundles on trailers.

A heap of scrap metal is piled against a wall at the Grupo Simec steel mill near Mexicali. ZOE MEYERS/DESERT SUN

The smelting process separates impurities from the molten iron and leaves behind waste: heaps of grayish black slag, which in other places has been found to contain calcium, silicon, iron, chromium, manganese, lead and other metals and pollutants.

Some of the slag is piled inside the compound’s walls, looking like rolling hills.

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Source: https://www.desertsun.com/[:es]En las afueras de Mexicali, donde pasta el ganado y los tractores se desplazan por las tierras de cultivo, un edificio cubierto de hollín expulsa nubes de humo.

Los retorcidos trozos de metal y los esqueletos aplastados de autos viejos se apilan al lado de la enorme planta, donde la maquinaria zumba con fuerza y se ve acentuada por los sonidos estridentes de metal golpeando contra el metal.

Fuera de los muros de la planta y a través de un estrecho camino de tierra, Blanca Ramírez vive en la misma granja donde creció. Ella recuerda cuando era niña, antes de que se construyera la fábrica de acero, el terreno al otro lado de la carretera era un campo de alfalfa y el aire estaba limpio.

Ahora sale humo de la construcción a todas horas, flotando sobre una hilera de casas y por todos los campos.

“Ha ido subiendo la contaminación paulatinamente, porque anteriormente no se miraba tanto como ahora”, recordó Ramírez, parada en el camino al lado de la planta. “Es tremendo”.

La siderúrgica Grupo Simec es una enorme planta de reciclaje. Devora restos de metal y el chasis de los autos viejos, que llegan en camiones desde los depósitos de chatarra, donde han sido desmantelados. El metal entra sucio, cubierto de pintura y óxido, y se funde junto con el mineral de hierro y trozos de carbón, y luego emerge limpio como piezas de acero para la construcción, apiladas en paquetes en los remolques.

Una gran cantidad de chatarra se apila contra una pared en la fábrica de acero Grupo SIMEC en Mexicali. ZOE MEYERS/DESERT SUN

El proceso de fundición separa las impurezas del hierro fundido y deja residuos: montones de escoria negra grisácea, que en otros lugares se ha encontrado que contienen calcio, silicio, hierro, cromo, manganeso, plomo y otros metales y contaminantes.

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Fuente: https://www.lavozarizona.com/[:]

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