Primeras bajas de la administración de Jaime Bonilla, dos funcionarios renuncian por escándalo de corrupción

ALFREDO AZCARATE VARELA
THE BAJA POST/EDITOR

Noviembre cerró con un escándalo de corrupción en Baja California, a un mes de haber iniciado la administración Bonillista, una irregularidad en los contratos para comida del sistema penitenciario y desayunos escolares destapa una situación delicada para la administración de Jaime Bonilla y pone en evidencia a funcionarios de primer nivel, como la Secretaria de Bienestar y el Oficial Mayor, sin embargo, la expectativa es que podría incluso caer el Secretario de Gobierno, Amador Rodríguez Lozano.

Cynthia Gissel García Soberanes, ex Secretaria de Bienestar de Baja California, cayó en un misterioso coma después de ser evidenciada por corrupción.

La Secretaria de Bienestar, Cynthia Gissel García Soberanes, fue la primera señalada en estos llamados “moches”, en unas horas el escándalo corrió como pólvora y ella “cayó en estado de coma”, en lo que resultó ser un fiasco y materia de burla y memes, después el Oficial Mayor, Jesús Núñez Camacho pidió licencia temporal para no entorpecer investigaciones.

Jesús Núñez, pidió licencia temporal como Oficial Mayor, para no entorpecer las acusaciones de que ha sido objeto y que él mismo niega

La lucha anti-corrupción es uno de los estandartes del sexenio de AMLO, una de sus causas de lucha social y política, baños de pureza donde “yo soy honesto y el que no está de acuerdo conmigo es un neoliberal, conservador, fifí”, polarizando así al país, habilitando a sus seguidores a juzgar cualquier voz discordante como corrupta y hasta “ardida” por haber perdido y “nosotros ganamos”.

Ahí cometen un error, las elecciones son para escoger un gobernante, pero al ganar gobierna para todos no solamente para quienes votaron por él y el ánimo revanchista y vengativo de los seguidores de AMLO es evidente desde sus posts en redes sociales, están a la caza de opiniones no favorables para atacarlas y calificar a quienes las emiten como fifís, conservadores o simplemente “nuestros adversarios”, preocupa que AMLO vea como enemigos a quienes lo cuestionan.

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